ADICCIÓN
En la cama, en la cocina, volviendo del curro,
corto el polvo, no es demencia, hasta en dulces pesadillas,
no puedo parar de escribir.
Es probable que no sepa qué decir pero no puedo dejar.
Es la droga que no aguantan los que quieren que me rompa por fin.
En su shopping, el concierto, ya no tengo más remedio.
En el metro y el mercado, soy un tanto atormentado,
no puedo parar de mentir.
Alucinaciones vendo. ¿Me tendría que importar?
Es probable que me invente manifiestos indecentes
exhibiendo credenciales del club de los malditos.
Ya no leo ni miro televisión por esa,
por esa canción. Por esa canción.
No puedo parar de reír mal si veo que soy yo
el que llora bien frente, y regente, al espejo.
En el baño de La Perla de la Plaza Miserere
puse piedra fundadora del graffiti de azulejos.
La noche se torna fatal.
Hoja alada, blanca virgen, ¡qué temblor! ¿Llegó el tiempo de dejar?
Es probable me declare un sobreviviente del reviente
de escribirle a la derrota que uno vive cuando muere de amor.
Lo confieso, nada es cierto, ni siquiera que no quiera otra,
otra canción. Otra canción.